El cine y las heroicas hazañas del marino Antonio Col

La Guerra Civil española fue el primer conflicto bélico de envergadura en el que se contó con una nueva y eficaz arma de propaganda: el cine sonoro. Aunque durante la Gran Guerra, de 1914 a 1918, el cine ya se utilizó para elevar la moral en la retaguardia, se trataba de películas mudas con una capacidad de persuasión limitada.
En 1927 todo cambió. La Warner produjo El cantor de jazz, el primer largometraje hablado de la historia. El sonido, con su enorme potencial evocador, abría posibilidades insospechadas. Las imágenes acompañadas de música, diálogos y discursos que salían de la pantalla misma, eran infinitamente más enardecedoras que los fotogramas desnudos. El cine político tenía el terreno abonado para crecer.

Pero, para desesperación de revolucionarios, en la retaguardia republicana los filmes mejor acogidos seguían siendo los norteamericanos, de evidente contenido burgués. Para los espectadores, la realidad era ya lo bastante cruda como para añadir las penurias de los personajes de ficción. En También mueren ángeles en primavera, una de las escenas importantes se desarrolla en el cine en el que proyectan uno de los éxitos del momento: Charlie Chan en Shanghai.

A pesar del gran despliegue publicitario con el que se anunciaban las películas soviéticas –con carteles en tranvías, autobuses y hasta en las farolas–, no cuajaron entre el gran público. Su grandilocuencia y unos personajes planos que lo sacrificaban todo en aras de la revolución, apestaban a propaganda. Ante su escaso tirón en taquilla, se les buscó una salida digna: camiones con equipos de proyección recorrían el frente para adoctrinar a los combatientes. Fue un acierto. Largometrajes como Los marinos del Cronstadt enaltecían a los soldados y favorecían su comportamiento heroico.

De entre todas las hazañas atribuidas a esa película, que recrea un episodio de la guerra civil rusa, destaca la del marino Antonio Col. Situémonos: otoño de 1936, trincheras republicanas en Madrid. Un grupo de jóvenes guardiamarinas defienden la posición. De repente, varios carros de combate fascistas aparecen en el horizonte. Inspirado por una escena de Los marinos de Cronstadt, sospechosamente parecida, Antonio Col toma la iniciativa. Así lo explicaba el periódico Claridad de 8 de noviembre:

“Un guardia marina avanza hacia los tanques cargado de bombas de mano. Tendido en el suelo esperó a que estuviesen cerca. Las ametralladoras de los tanques disparaban ráfagas de plomo contra el bravo guardia marina. Pero éste seguía esperando. Cuando los tuvo al alcance de las bombas, el guardia lanzó sus proyectiles. Los cuatro tanques facciosos quedaron inutilizados”.

Y la leyenda de Col empezó a crecer. Se estaba creando un héroe popular. Cada periódico explicó la historia según su tendencia e intereses. Así, ABC, El Sol, Ahora y Solidaridad Obrera “mataron” a Col en aquella acción, mientras que Heraldo de Madrid, Claridad y La Vanguardia (ahí está el recorte de 11 de noviembre) informaban de que murió días después en otro combate.

Todo este asunto remite a la división política republicana; ahí va un dato para meditar: la película se estrenó en Madrid –zona de influencia socialista y comunista– en octubre de 1936, mientras que en Barcelona –con mayor peso anarquista– no se proyectó hasta enero de 1937. ¿Casualidad? Por si os inspira acciones extraordinarias, este es un pequeño tráiler de Los marinos de Cronstadt con subtítulos en inglés.

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