Locard, un Sherlock Holmes con microscopio

Tercera escena del episodio 16.º de la primera temporada de CSI (Las Vegas), titulado Demasiado fuerte para morir. El cuerpo de una mujer yace en la cuneta de una carretera de Nevada; el agente Nick Stokes y su jefe, Gil Grissom, examinan el cadáver.

Nick – Zapatos de tacón alto… quizás fue raptada. ¿Conocía al tío?¿Usó su coche o el de ella?
Grissom – Principio de Locard: se llevó parte de ella con él y dejó parte de él aquí.

Aquel era el homenaje de los famosos forenses televisivos a uno de los padres de la criminología moderna. El principio de intercambio de Locard revolucionó, en la década de 1920, la investigación criminal. Aún tiene –90 años después– plena vigencia.

El principio se refiere a la escena del crimen en su sentido amplio, tanto al lugar de los hechos como a los elementos que se encuentran en él. “Unas veces –escribió Locard– el malhechor deja sobre el lugar las señales de su paso; otras, por una acción inversa, se lleva sobre el cuerpo o la ropa indicios de su estancia o de su actividad”.

Simplificándolo: cualquier contacto deja un rastro.

Podéis ampliar la página donde formula el principio, del libro L’enquête criminelle et les Méthodes scientifiques (1920). También cuelgo la página en castellano del Manual de técnica policíaca (1935, original francés de 1923) en la que incide en esa idea.

Edmond Locard (Francia, 1877–1966) se licenció en derecho y doctoró en medicina en la universidad de Lyon, en donde fue alumno y ayudante de Alexandre Lacassagne, uno de los fundadores de la antropología criminal.

En 1910 creó y dirigió en aquella ciudad el primer laboratorio policial del mundo.

Locard dio un impulso fundamental a la ciencia forense y se convirtió en la primera autoridad mundial sobre la materia, como podéis comprobar en los dos recortes de prensa adjuntos, ambos de La Vanguardia. Son muy curiosos. En uno, de octubre de 1935, se recoge el encargo para descifrar los códigos secretos de la llamada –ojo al nombre– Federación Internacional de Ladrones; el otro, de febrero de 1936, trata sobre los intentos de desmontar fraudes en las carreras de caballos.


En España, Locard gozó de gran reputación y sus trabajos eran divulgados por las revistas científicas. Como botón de muestra, podéis ver la primera página de Policía científica, de enero de 1914; era una publicación especializada en criminología, que se editó en Madrid entre 1913 y 1914. El artículo trata sobre la poroscopia, una técnica impulsada por Locard para identificar huellas dactilares parciales o muy borrosas –invisibles– a partir de los poros de la piel.

Locard visitó Barcelona en diciembre de 1917, junto con otros eminentes médicos franceses. Pronunció una conferencia sobre medicina de guerra y fue agasajado por sus colegas y las autoridades locales. El recorte sobre el banquete oficial fue publicado en Mundo Gráfico, en enero de 1918. Más adelante, asesoró a José López de Sagredo para la creación del Laboratorio Criminalístico de Barcelona, al que dediqué un artículo.

Es interesante señalar que Sherlock Holmes ya adelantó el principio de intercambio en Peter el Negro (1904). “He investigado muchos crímenes –aseguraba el gran detective– pero aún no he encontrado ninguno cometido por un ser volador. Y mientras el criminal se sostenga sobre dos piernas, siempre quedará alguna señal, alguna rozadura, algún minúsculo desplazamiento detectable por un investigador científico”. Palabra de Holmes. Palabra de Locard.

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